ENTRENAMIENTO
RÍTMICO PARA GRUPOS DE TRABAJO
En uno de los trabajos de investigación científica
más prestigiosos acerca del comportamiento humano
realizados en los cinco continentes durante treinta años
por el psicólogo y antropólogo estadounidense
Edwuard T. Hall (The dance of life, The dimention of time,
etc.), se demostró como, todas las facetas de dicho
comportamiento, están implicadas dentro de un PROCESO
RÍTMICO; como si los seres humanos estuvieran estrechamente
entrelazados por un FLUJO O DANZA RÍTMICA que funciona
casi totalmente fuera de la conciencia.
Nuestro entrenamiento rítmico se basa en hacer consciente
este proceso.
Y no nos referimos al ritmo desde el punto de vista
musical,
sino a los ciclos repetitivos de tiempo que operan como
fuerzas sutiles unificadoras entre los seres humanos; ya
sean estos cónyuges, compañeros de trabajo,
equipos de trabajo, organizaciones o pueblos enteros.
Podemos decir con certeza que los individuos estamos influenciados por unas
jerarquías complejas de ritmos a través de las cuales se producen
ARMONÍAS O DESARMONÍAS en todos los procesos interpersonales.
Al proceso de entrar en armonía se lo denomina SINCRONÍA. Todo
comienza en el centro del ser con la auto sincronía.
Entrenarla genera la posibilidad de que el trabajo en equipo se transforme
en trabajo en ensamble, que es el equivalente a equipo
unido, donde la sincronía
rítmica genera un aumento de la confianza entre sus componentes y un
mejor flujo de energía emocional y creativa liberada como consecuencia
del entrenamiento y en resonancia con las metas del equipo en cuestión.
Cuando nos referimos al “entrenamiento” es
porque el taller está basado, casi en su totalidad,
en una vivencia práctica que exige cierta disciplina
para reencontrarse nuevamente con este lenguaje.
“Los problemas de la empresa no persisten porque los managers desconozcan
la teoría de la administración, sino porque esas herramientas teóricas
por sí solas no bastan para resolver nada.
Como cualquier otro instrumento, estas herramientas necesitan un usuario capaz
de aplicarlas de manera efectiva, un ser humano consciente que pueda ajustar
las ideas generales y abstractas a la situación particular y concreta
que enfrenta. El desarrollo de este usuario no es una actividad especulativa
o intelectual. Para convertirse en el tipo de persona capaz de operar y liderar
de manera efectiva en el mundo de los negocios, uno debe someterse a una disciplina
rigurosa, entrenarse como un atleta olímpico o un músico profesional.
El virtuosismo natural demostrado en una competencia o en un concierto, ha
sido construido minuciosamente durante incontables horas de práctica
y ensayo. Sin embargo en el mundo de la empresa el 99 % del tiempo está destinado
a la ejecución y el 1% que queda se deja a la práctica. No es
nada sorprendente que el rendimiento de las personas, los equipos y las organizaciones,
sea tan inferior a su potencial” (Fredy Kofman, “Metamanagme”
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